Em Salvador de Bahia se está jugando el futuro de Brasil

Este artículo constituye la versión castellana del prólogo al libro de Juárez Bomfim O centro histórico de Salvador e a sua integraçâo socio-urbana (Salvador 2010). La versión portuguesa de dicho prólogo se ha publicado en Scripta Vetera, nº 110. CAPEL, Horacio. En Salvador de Bahia se está jugando el futuro de Brasil. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona, Vol. XV, nº 866, 30 de marzo de 2010. . [ISSN 1138-9796].

En Salvador de Bahia se está jugando el futuro de Brasil (Resumen)

La imitación de los modelos sociales norteamericanos por parte de la población brasileño de origen africano parece haber aumentado en los últimos años. La aspiración a un black power es formulada explícitamente por algunos, con el beneplácito y el apoyo encubierto o explícito de fundaciones norteamericanas, que defienden el patrón dicotómico que domina en Estados Unidos y que seguramente verían con agrado la fragmentación de Brasil.

Pero Brasil no es Estados Unidos, y los modelos de aquel país no deberían ser seguidos en Brasil, que es una realidad histórica y racial diferente, y donde el mestizaje es un impulso irresistible, que da una gran fuerza a esta gran nación.

En Brasil la cuestión racial es mucho más compleja, con mezclas de, al menos tres grandes grupos (indígenas brasileños, europeos y africanos) cada uno de los cuales tienen, a su vez, importantes diferencias genéticas internas. La mezcla ha ido dando lugar a una estructura social y racial muy compleja, desde luego diferente a la norteamericana.

La propuesta de reunir a los pardos y a los pretos en una única categoría, como negros o como “afro-descendentes”, es muy peligrosa para el futuro de Brasil. La intensa miscigenación que existe en este país es un dato muy positivo, y la consolidación de Brasil como un país mestizo abre una vía de esperanza y un modelo para el conjunto de la Humanidad.

El ascenso social es posible y se está ya realizando, aunque sea lentamente. Es la mejor prueba de que es posible un futuro brillante para Brasil, un modelo de sociedad para todos los países del mundo. El camino del mestizaje es el adecuado. El otro es el de la separación racial y el enfrentamiento. El que se elija o el que acabe triunfando en Salvador va a influir de forma importante en el futuro de Brasil.

Palabras clave: Salvador de Bahía, mestizaje en Brasil, poder negro

La concesión por la UNESCO del título de Patrimonio de la Humanidad en 1985, supuso el reconocimiento mundial de la ciudad de Salvador. Era el resultado de una acción prolongada por parte de grupos de ciudadanos para la valoración de su centro histórico[1].

Pero desde mucho antes de dicha fecha Salvador era ya muy conocida, y casi una ciudad icono a escala mundial. Se pueden encontrar toda una serie de descripciones elogiosas del emplazamiento, de las bellezas y de la riqueza de la ciudad (al igual que de sus diferencias sociales) desde la misma época portuguesa. Luego, tras la independencia, naturalistas, comerciantes y viajeros contribuyeron a crear una imagen de la ciudad en la que se reúnen la historia, el exotismo, el trópico y la cultura local.

Salvador está íntimamente vinculado a la historia de Brasil, ya que la fundación de la ciudad coincide, de hecho, con su creación. Se construyó a imagen de Lisboa, y todavía la recuerda mucho. Su historia es la de una evolución que la llevó desde ser la capital de Brasil a convertirse, una vez perdida la capitalidad política, en una metrópolis regional. Una ciudad barroca y neoclásica, en la que este último estilo se prolongó durante buena parte del siglo XIX, al igual que en las ciudades europeas.

Una rica tradición de estudios

Sin duda el traslado de la capitalidad a Rio de Janeiro en 1763, aunque una medida muy acertada desde el punto de vista de la cohesión del virreinato y, luego, para la unidad del país independiente, representó para Salvador una gran pérdida. Pero la ciudad mantuvo e incluso acrecentó su desarrollo económico, su riqueza y su personalidad, que sería internacionalmente difundida por la obra de escritores e intelectuales bahianos, entre los cuales de manera eminente Jorge Amado.

Mi conocimiento de Salvador se remonta a comienzos de los años 1960 cuando tuve ocasión de leer, durante mis estudios de geografía en la Universidad de Murcia, varios trabajos sobre un área geográfica que en español tiene un acento muy sonoroso: el Rocôncavo de Bahía. Luego pude conocer la Tesis de Milton Santos sobre la ciudad de Salvador, presentada en la Universidad de Strasbourg en 1958 y publicada al año siguiente. Recuerdo bien la impresión que me causó entonces la descripción que hacía el gran geógrafo bahiano de esta ciudad brasileña. La que yo percibía sobre todo como la antigua capital de Brasil, una ciudad europea en América tropical, era descrita por Milton Santos como una creación de la economía especulativa, vinculada a la explotación azucarera y a los ciclos económicos posteriores, del tabaco y el café.

En aquellos años el profesor Santos utilizaría el ejemplo de Salvador para ilustrar las características de las ciudades subdesarrolladas. El concepto de subdesarrollo, entonces muy renovador en las ciencias sociales, se aplicaba sin mayores discusiones a los países iberoamericanos, teniendo en cuenta no solo su menor nivel económico sino, especialmente, lo que se consideraba que era la existencia de una “economía dual” en ellos. Él mismo hizo aportaciones fundamentales al estudio de las ciudades de los países subdesarrollados, escribiendo sobre ello una obra (Geografía y economía urbana en los países subdesarrollados, 1973) que tendría una gran difusión internacional; y no dudó en considerar a Brasil como formando parte de este grupo de países, y a Salvador como una ciudad representativa de esas características, como se refleja en su trabajo “Villes et Région dans un pays sous-développé: l’èxemple du Recôncavo de Bahia”, publicado en Annales de Géographie de París en 1965.

Poco a poco fui siendo consciente que Salvador posee una larga tradición de escritores, naturalistas, médicos, arquitectos, historiadores locales, e intelectuales en general, que han realizado estudios muy valiosos sobre la ciudad y han contribuido a convertirla en una urbe mítica. Más tarde, y especialmente en los últimos quince años, tendría ocasión de ampliar mi conocimiento por la participación en diversos tribunales de Tesis doctorales sobre esta ciudad y la región de Bahía, por la lectura de nuevas obras sobre el Nordeste y por la presentación y el debate de diferentes comunicaciones sobre Salvador en los Coloquios Internacionales de Geocrítica; e incluso he tenido el honor de contribuir a la elaboración de las Tesis doctorales de varios geógrafos bahianos: la de Guiomar Inez Germani (sobre la Cuestión agraria y asentamientos de población en el área rural: la nueva cara de la lucha por la tierra, Bahia, Brasil, 1964-1990, presentada en la Universidad de Barcelona 1993), la de Rosali Braga Fernández (Las políticas de la vivienda en la ciudad de Salvador y los procesos de urbanización popular en el caso del Cabula, en 2000 y publicada poco después) y la de Hilda Maria de Carvalho Braga (Producción y desperdicio: un estudio sobre la basura en la ciudad de Salvador, Bahía, en 2002). Los temas de estas tres Tesis son bien representativos del talante ético y de la preocupación de los geógrafos de la ciudad, como de otros científicos sociales bahianos, por los problemas sociales de esta ciudad.

Todas estas lecturas me han hecho ser consciente del gran nivel cultural que existe en esta ciudad, y del refinamiento de sus intelectuales. El cual se refleja también en aspectos que pueden pasar desapercibidos, como la misma utilización del gentilicio ‘soteropolitano’, un cultismo de raíz griega, para designar a los habitantes de esta ciudad.

Modernización y transformaciones urbanísticas similares a las ciudades europeas

Entre los libros que he tenido ocasión de conocer recientemente sobre Salvador quiero destacar dos: el de Consuelo Novais Sampaio, y el de Eloisa Petti Pinheiro, dos obras excelentes e imprescindibles para entender la evolución urbanística de esta ciudad y el proceso de modernización. Las dos ayudan a penetrar en la dinámica de transformación de la ciudad desde los años que siguieron a la independencia hasta la primera Guerra Mundial, y permiten afirmar que los cambios experimentados, como los de otras ciudades americanas del norte y del sur, fueron muy similares a los europeos.

El libro de Consuelo Novais Sampaio 50 anos de urbanaçâo. Salvador da Bahia no século XIX (2005), que conozco gracias a la generosidad del arquitecto Luis Antonio de Souza, presenta cincuenta años de urbanización de Salvador en el siglo XIX con una espléndida colección de ilustraciones y un texto muy sólido y bien elaborado. Analiza la expansión de la ciudad en dos fases sucesivas. Primero entre 1850 y 1870, cuando, por influencia del intenso movimiento comercial, se construyeron espléndidos edificios y empezó a transformarse profundamente la ciudad virreinal. Luego, entre 1870 y 1900, en el momento en que la ciudad se articula bajo estímulos y desafíos a los que hubo de enfrentarse en el proceso de modernización: la conquista de la ladera, el impacto de los tranvías, la llegada de la energía eléctrica y, en definitiva, el desarrollo de una modernización vinculada a la Segunda Revolución Industrial.

En la segunda mitad del siglo XIX numerosos aterros en la línea de costa permitieron ganar terrenos al mar para el puerto, la actividad comercial y la expansión urbana. El ferrocarril hizo posible la relación más estrecha e intensa con el interior de la región de Bahía, con las zonas productivas interiores, con el valle de San Francisco, y potenció la actividad del puerto de Salvador.

La ciudad fue cambiando la estructura original, en la que los ricos, los hidalgos y los aristócratas vivían arriba, en la Cidade alta, y los pobres en las laderas y la parte baja, la Cidade Baixa, vinculada al puerto. Los tranvías y los ascensores permitieron una mejor relación entre estas dos partes, primero, y la expansión de la ciudad, después. La construcción de las líneas de tranvías fue toda una proeza por la topografía y las condiciones hídricas del emplazamiento, con desniveles, lagunas y áreas pantanosas. El tranvía, y con él la huida de las clases adineradas hacia otros barrios, produjo, al igual que en las grandes ciudades europeas, un proceso de transformación de la Cidade Alta, convertida en puerta de entrada de inmigrantes. Lo que era toda la ciudad de Salvador hasta mediados del XIX comenzó a convertirse en un sector popular; como sucedió en otras ciudades europeas desde las últimas décadas del siglo, con el desarrollo de los nuevos medios de transporte y la huida de las clases burguesas hacia otros barrios donde podían construirse viviendas que respondían a las exigencias de la sociedad industrial. La similitud de la evolución con las ciudades del Viejo Continente es sorprendente.

Las amplias viviendas que existían en el centro fueron subdivididas y transformadas en conventillos y pensiones (casas de cômodos). Los cortiços se convirtieron en el nuevo tipo de vivienda popular para las clases de menores rentas, situados en el fondo de antiguas viviendas o en parcelas adquiridas para ello, miserables, insalubres, imponiendo la densidad y la promiscuidad. Se plantearon con ello, como en Europa, graves problemas higiénicos que se hacían especialmente patentes en las epidemias de fiebre amarilla y cólera: la de cólera de 1855, mató al 17 por ciento de la población. Los barrios nuevos que se empezaron a construir fuera del antiguo centro se edificaban de acuerdo con los estándares que los nuevos tiempos exigían.

El proceso de modernización urbana iniciado en las últimas décadas del siglo XIX se prologó durante las primeras del XX. Ese es el objeto del libro de la arquitecta Eloísa Petti Pinheiro, titulado Europa, Francia y Bahía. La difusión y adaptación de los modelos urbanos europeos, resultado de una Tesis doctoral que se presento en la Universidad Politécnica de Barcelona, y de cuyo tribunal tuve el privilegio de formar parte. Se trata de un estudio comparado de las políticas urbanas puestas a punto en Rio de Janeiro y en Salvador, y del proceso de cambio a través de las reformas urbanas realizadas en los cascos antiguos a principios del siglo XX. La obra muestra la rápida difusión de modelos urbanos desde Europa a América del Sur.

Al igual que en las ciudades europeas y norteamericanas, las mejoras urbanas en Brasil durante la segunda mitad del siglo XIX fueron también impulsadas por los problemas higiénicos, así como por la necesidad de adaptar la trama urbana a las nuevas condiciones de la circulación y a las exigencias de refuncionalización del espacio. Eso hizo necesario reestructurar el espacio ya edificado, emulando a las ciudades europeas, París sobre todo.

Como sucedía en Europa, las reformas tuvieron un carácter autoritario, y pretendían al mismo tiempo “controlar lo urbano y disciplinar la población”. A partir del discurso de la modernidad, y al igual que se hacía en las ciudades europeas, “el poder político derriba las viviendas pobres, los conventillos y trata de sacar a los pobres del centro, es decir, de los espacios nobles de la ciudad”.

Aunque Eloísa Pinheiro atribuye un papel esencial al modelo de las intervenciones haussmanianas en París, puede defenderse que, en realidad, incluso sin ese modelo el proceso se habría producido. Durante el siglo XIX todas las ciudades sintieron, antes o después, la necesidad de transformar su viejo centro histórico para adaptarlo a la nueva situación planteada por el desarrollo de la Revolución industrial y de las relaciones sociales capitalistas. Operaciones efectuadas antes de las actuaciones haussmanianas se realizaron en muchas ciudades europeas (por ejemplo, en Barcelona con la apertura de la calle Fernando a partir de 1827), como resultado de la necesidad vivamente sentida de una reforma interior de los viejos cascos urbanos, aunque la de París tuviera una escala y ambición diferente, y por ello mismo un eco internacional verdaderamente grande.

Estos dos libros, y otros que podríamos añadir, muestran que desde el punto de vista del urbanismo y de los ideales de la clase dirigente sobre la ciudad, lo que sucedió en Salvador es muy similar a lo que ocurría en Europa; también refleja que la capital de Bahia era una ciudad europea, como todas las de la América española y portuguesa desde el siglo XVI o las de la América francesa, holandesa o inglesa desde el siglo siguiente.

Las especificidades brasileñas

No cabe duda de que si solo nos fijamos en las transformaciones urbanas, en los ideales urbanísticos de los grupos dominantes, en la ampliación de los servicios públicos o en la implantación de redes técnicas urbanas, el relato que puede hacerse es muy similar al de las ciudades europeas dinámicas, con pequeños desfases temporales en algunos casos, no siempre en detrimento de las brasileñas.

Podría, tal vez, argumentarse que las distancias sociales eran aquí más grandes que en las ciudades europeas, lo que seguramente es cierto, siempre que no se olvide que en Europa eran también abismales.

Pero en el siglo XIX había una diferencia fundamental entre Salvador y las otras ciudades brasileñas, por un lado, y las ciudades europeas, por otro: la esclavitud, que se mantuvo en Brasil hasta 1888. A comienzos del siglo XIX la población de Salvador ascendía a unos 45.600 habitantes, y en ella el 50 por ciento eran negros y el 20 por ciento mulatos. El sistema esclavista solo sería abolido cerca del final del siglo y la explotación de esa mano de obra era la base de la riqueza de los poseedores, pero afectaba de forma profunda a las relaciones sociales y a toda la vida urbana.

Salvador fue una ciudad brillante, próspera, cuya riqueza se basada en la explotación de la mano de obra esclava. Naturalmente, los descendientes de aquellos esclavos no dejan de sentir de forma hiriente este recuerdo. Un sentimiento que nos trae a la memoria un verso del poeta cubano Nicolás Guillén, que alude a una situación similar en la isla del Caribe:

Yo soy también nieto de esclavo,
¡que se avergüence el amo!

Pero no se trata solo de avergonzarse, y de reconocer las bases de la riqueza a partir de la explotación de los otros, sino de pensar en el futuro. Volveremos a hablar de ello más adelante.

El centro histórico, urbanismo demoledor del siglo XX

Las reformas urbanas realizadas en Rio de Janeiro por iniciativa del presidente Rodríguez Alves y del prefecto Pereira Passos se convirtieron en una referencia para otras ciudades brasileñas, y concretamente para las transformaciones que se acometieron en la ciudad de Salvador por impulso del gobernador José Seabra, con apoyo federal y municipal. Se realizaron desalojos y demoliciones de casas viejas y, si era preciso, de edificios monumentales, todo lo cual permitió efectuar nuevas alineaciones y mejoras en las calles. El modelo del centro rico y con fuertes inversiones y una periferia pobre y abandonada, pudo empezar a cambiar con la implantación del ferrocarril y, sobre todo, el tranvía. Modernizar la ciudad y acabar con el pasado fue un objetivo ampliamente compartido: en Salvador con referencia a las reformas de la década de 1910 se ha hablado de insensibilidad y “odio con relación al Salvador colonial”.

El deseo de modernización y de mejora de las ciudades estaba muy aceptado por las elites de un lado y otro del Atlántico. En las naciones independientes americanas era, al mismo tiempo, el deseo de distanciarse de la antigua metrópoli y de borrar los símbolos del pasado virreinal.

Podemos fijarnos en dos aspectos significativos de los cambios que tuvieron lugar: uno, la conversión del centro en un sector popular; otro, el mismo proceso de modernización. En ambos casos hay una evolución que, en numerosos aspectos, es muy semejante a la experimentada por otras ciudades europeas.

Al igual que en Lisboa, Barcelona, Madrid y otras ciudades, viejas casonas e incluso palacios fueron siendo abandonados por sus poseedores, divididos y convertidos en viviendas populares. En ellas se instalaron los inmigrantes que llegaban a la ciudad, generalmente de origen campesino. Tras la abolición de la esclavitud en 1888, muchos de esos inmigrantes eran antiguos esclavos que ocuparon las viviendas que se iban vaciando y estaban disponibles.

También es bastante similar a la europea la evolución en lo que se refiere a las actitudes respecto al valor del patrimonio histórico. Ante todo, en relación con el patrimonio eclesiástico. La necesidad de disminuir la influencia opresiva de la iglesia, y la existencia de propiedades en manos de las órdenes religiosas, dio lugar a reacciones contra esta situación, y destrucciones que son similares a las que se hicieron en las ciudades de países europeos y americanos que realizaron la desamortización de bienes eclesiásticos. La Tesis doctoral de Ana Lourdes Ribeiro da Costa sobre Salvador, século XVIII: o papel da ordem religiosa dos beneditinos no proceso de crescimento urbano (2003) puso de manifiesto el papel de la iglesia en la expansión del tejido urbano de esta ciudad y en las estrategias que tuvieron tanto el clero secular como las órdenes religiosas tuvieron en lo que se refiere al mercado inmobiliario; de forma más concreta, destaca el papel de los benedictinos en los procesos de construcción de la capital de Bahía a partir de las estrategias económicas y sociales desplegadas por la orden. En alguna ocasión los mismos benedictinos se habían convertido en agentes urbanizadores, abriendo calles (como la Rua Nova de Sâo Bento) en tierras de su huerta, en las que construyeron varias casas para vivienda.

Al rechazo del poder de la iglesia se unió, como hemos dicho, el de la herencia virreinal, que llevó a desvalorar los edificios de la época portuguesa. Ambos factores llevarían, sin duda, a excesos, aunque pudieron ser suavizados por la aparición de procesos de recristianización de las clases populares, como forma de mantener el control y el orden social.

Para las grandes destrucciones se esgrimieron razones de higiene y circulación. Formaban parte de los esfuerzos de modernización de la sociedad, y de las ciudades, de la creación de un nuevo marco para la vida social. Por todo ello, la degradación del viejo casco histórico se acentuó, con la huida de la población que lo habitaba hacia los nuevos barrios residenciales que se construyeron.

Finalmente, la importancia de las destrucciones que se realizaron en algunas ciudades dio lugar a la reacción contra estas actuaciones. La destrucción del morro del Castelo en Rio de Janeiro y de la catedral de Salvador en 1933, tras dieciocho años de polémicas y de resistencia de intelectuales bahianos, contribuyeron a la aparición de una legislación protectora. A lo cual contribuyó también una nueva valoración de la herencia portuguesa, cuando se sintió la necesidad de buscar y afianzar los orígenes de la nacionalidad y esos edificios se convirtieron en símbolos de un pasado histórico que era esencial para la conciencia nacional.

Patrimonio de la Humanidad, y Patrimonio brasileño

Con el libro que hoy se publica tenemos una aportación importante al conocimiento de Salvador y de sus transformaciones urbanísticas y sociales, la cual se añade a la amplia bibliografía ya existente. Es un libro que muestra la amplia cultura y erudición del autor, sociólogo de formación y que ha transitado con gran provecho por la disciplina geográfica durante sus estudios de master y doctorado.

Juarez Bomfim ha realizado una geografía histórica de Salvador, una aportación a la historia urbana y a la valoración y defensa del patrimonio urbano de la ciudad. El autor ha realizado un apreciable esfuerzo de síntesis de la bibliografía disponible y, apoyándose en ella y en sus propias investigaciones, presenta un buen panorama de la evolución económica y social, de los debates para la conservación del centro histórico y de las medidas que se han ido aplicando.

Describe de forma precisa la toma de conciencia del valor del patrimonio existente en el centro histórico de Salvador y el impulso para la protección, que se traduce en medidas protectoras de edificios concretos en los años 1930. También muestra la aparición de una conciencia conservacionista que se extendía a conjuntos urbanos y al entorno de los edificios, incluyendo las viviendas populares y de clases medias, hasta ampliarse finalmente al conjunto del sector de la Cidade Alta. Expresa muy bien la dificultad y complejidad de las tareas, por la relación estrecha entre los edificios y la población y las funciones que existen en ellos.

El libro hace un buen resumen de la evolución de la estructura económica de Salvador, las fases de escaso desarrollo, el estancamiento económico y demográfico, la tardía industrialización, el descubrimiento de petróleo en la bahía (1939) y las consecuencias de la instalación de PETROBRÁS. Alude asimismo a la estrecha relación e imbricación de los dos sistemas de economía formal e informal, superior e inferior.

En la obra se dedica especial atención a todo el proceso reciente de estudios para la protección y conservación del centro histórico de Salvador, los que culminaron en la declaración de Patrimonio de la Humanidad, y las actuaciones que se han realizado después de esa fecha. Tienen gran interés de los capítulos que el autor dedica a analizar la actuación en Salvador desde fines de 1960, en relación con la valoración como ciudad monumental para el turismo. También el análisis que efectúa del reducido éxito de las primeras intervenciones, y del gran impacto de las que ser realizaron a partir de 1990. Describe los importantes trabajos de restauración que se han realizado, de gran valor por el gran número de edificios afectados y la situación de grave deterioro en que muchos se encontraban, unos 1000 edificios en el área protegida.

La actuación urbanística y la rehabilitación de los centros históricos exigen un gran cuidado, que no siempre tienen los técnicos que intervienen. Es preciso estar muy atento. A veces galardones como la declaración de Patrimonio de la Humanidad no han protegido a las ciudades, e incluso ha podido contribuir a degradarlas. Porque al calor del nombramiento, empresas inmobiliarias, agencias turísticas, empresarios de hoteles, especuladores, y otros han emprendido obras que contribuyen a destruir el patrimonio. Los prejuicios por parte de los propietarios contra la protección o tombamento son muy grandes. Lo que implica la necesidad de colaboración entre los técnicos, entre estos y los políticos, así como la importancia de comprometer a toda la población en defensa del patrimonio histórico.

Existen con frecuencia problemas en las actuaciones de conservación del patrimonio, que conducen a la expulsión de la población residente. La intervención en el Pelourinho desalojó al 95 por ciento de los habitantes del área. Hubo también intentos de incorporar otros cambios ante la pérdida de funciones, como equipamientos universitarios en el área, similares a los que se han realizado en otras ciudades.

Para el éxito de la política de protección es esencial mantener el carácter residencial y multifuncional, así como la diversidad social. Procurar que sean espacios multiculturales y multiétnicos; asegurar la coexistencia de la vivienda y funciones diversas, artesanas, servicios, oficinas. Asimismo, lograr que el área mantenga la vida social, que sean espacios verdaderamente centrales, que aprovechen su valor simbólico.

Es preciso atraer inversiones respetuosas para conservar un patrimonio rico y diverso, lentamente sedimentado con coexistencias de estilos diferentes; una herencia que permite un recorrido por la historia de la arquitectura, del urbanismo y de la cultura. El pasado es esencial para la memoria colectiva y la identidad: necesitamos mirar al pasado para construir el futuro.

Son muchos los retos planteados en los centros históricos. La gestión de los mismos es compleja. Existe, por un lado, el peligro de la destrucción y, por otro, el riesgo de que queden fosilizados, convertidos en sectores turísticos, en auténticos parques temáticos. Uno de los éxitos de las intervenciones en Salvador es que el centro histórico, que se había convertido en un sector marginal, se transformó en el principal símbolo de la ciudad, un área de ocio y de gran animación cultural. Pero existe también el peligro del exceso de equipamientos para el turismo (bares, tiendas, galerías para el arte..), y escasamente dirigidos hacia los residentes.

Problemas en el centro histórico y en la ciudad de Salvador

Salvador es, desde muchos puntos de vista, una ciudad admirable. Pero es también una ciudad que tiene grandes problemas. La forma como se afronten los mismos va a influir sobre otras muchas facetas de la evolución de Brasil.

Sin duda, se ha hecho mucho en la ciudad, y especialmente, como muestra este libro, en el centro histórico. Pero la ciudad en muchos aspectos no es un modelo, sino más bien todo lo contrario: en muchos casos es un ejemplo de lo que no se debe hacer desde el punto de vista urbanístico.

Salvador ha emprendido un proceso de intensa verticalización que continúa hasta hoy. La erección de altos edificios en la ciudad ya construida densifican y plantean graves problemas de circulación. Pero, además, la ciudad se ha organizado para el automóvil, con un profundo olvido o menosprecio de los peatones.

Pero lo peor es la tendencia a la privatización total del espacio, la falta de atención a las necesidades colectivas. El ejemplo más flagrante de ello puede ser la insensata ocupación y cierre de espacios abiertos hacia la bahía, especialmente manifiesto en el curso de la Avenida Sete de Setembre. Que la ciudad no haya sido capaz de organizar un paseo ciudadano que permita caminar contemplando la bahía, que muchos “miradores” hayan quedado inservibles al construirse ante ellos altos edificios que tapan las vistas, es algo que nos muestra el sacrificio del bienestar colectivo ante la avaricia de los intereses privados. En una ocasión ya escribí de forma provocativa –y no tengo inconveniente en repetirlo- que una ciudad que derribó su catedral podría muy bien acometer la expropiación y el derribo de todo el lateral marítimo de la Avenida Sete de Setembre, para convertirlo en un paseo peatonal.

Hay que cambiar urgentemente el modelo de crecimiento de las ciudades. El caso de Salvador puede ser un laboratorio para el futuro. Disminuir las diferencias, sociales, reducir el poder de los ricos, tratar de evitar su egoísmo. Hace falta, urgentemente mesura y moderación en todo.

Sin embargo, lo que parece dominar es, frecuentemente, la desmesura en todo. Por ejemplo en la refrigeración de los edificios. Es un auténtico disparate tener el interior de los edificios a 18 o 19 grados cuando al exterior la temperatura es de 35 grados y con fuerte humedad. No me extraña que en Salvador haya un elevado grado de incidencia de las neumonías. Por otro lado son inaceptables el despilfarro de energía que eso supone y las graves diferencias sociales que introduce. Los grupos populares que viven en las favelas y no tienen la posibilidad de refrigerar sus viviendas se ven obligados a usar sistemas más ecológicos, que son por ello mismo más sostenibles.

El futuro de Brasil se juega en Salvador

En esa nueva Europa ultramarina que fue desde el siglo XVI Brasil, como otros territorios del norte y del sur de América, y en esta realidad nueva y dinámica que es el Brasil actual, la conservación del centro de Salvador tiene una gran importancia nacional e internacional. Es la muestra de una ciudad europea construida a partir del Renacimiento, con este estilo y con los del Barroco y el Neoclasicismo. Pero es también un reto y un laboratorio para construir una sociedad diferente. Del éxito o fracaso de esa construcción dependerán muchas cosas.

Las circunstancias históricas de la construcción del Brasil portugués, y luego las que están relacionadas con la independencia del país, hicieron que Salvador, como todo el territorio brasileño, siendo parte cultural de Europa, fueran también otra cosa distinta. Durante medio milenio se ha ido convirtiendo en un crisol, en un territorio de intenso mestizaje y de nueva interacción intercultural, que es hoy una realidad vital y de gran dinamismo cultural. Un Brasil que es hoy una superpotencia mundial, un foco al que muchos miran como un posible modelo para todo el planeta, por el dinamismo cultural y la vitalidad del mestizaje.

No todo es de color rosa. Hay peligros evidentes. Y éstos se perciben claramente en Salvador. Uno, las diferencias sociales, muy acusadas. Otro, la oposición al mestizaje y el desarrollo del black power. Salvador, y especialmente el centro de la ciudad, que ha sido considerada la Roma Negra, se ha ido identificando con la negritud. No solo por la importancia de esa población sino también por la gran efervescencia cultural en la ciudad en los años 1980-90 y su peso en la identidad.

La mutación de Salvador, y especialmente de su centro histórico ha sido verdaderamente espectacular. De constituir un símbolo de la presencia europea en América se ha transmutando en un símbolo de la cultura brasileño-africana. Algunos incluso la consideran una especie de quilombo, un territorio negro independiente.

Pero el centro histórico de Salvador no puede ser un lugar al margen de la ciudad, ha de ser sentido como suyo por toda la población soteropolitana. Al igual que por todo el amplio y diverso Brasil, que lo debe percibir como una de sus raíces identitarias.

La imitación de los modelos sociales norteamericanos por parte de la población brasileño de origen africano parece haber aumentado en los últimos años. La aspiración a un black power es formulada explícitamente por algunos, con el beneplácito y el apoyo encubierto o explícito de fundaciones norteamericanas, que defienden el patrón dicotómico que domina en Estados Unidos y que seguramente verían con agrado la fragmentación de Brasil.

Pero Brasil no es Estados Unidos, y los modelos de aquel país no deberían ser seguidos en Brasil, que es una realidad histórica y racial diferente, y donde el mestizaje es un impulso irresistible, que da una gran fuerza a esta gran nación. El problema ha sido muy oportunamente planteado por el profesor Pedro Almeida Vasconcelos, en dos excelentes artículos que se han publicado en la revista electrónica Biblio 3W, de la Universidad de Barcelona (nº 729 y 732), y cuya lectura recomendamos muy vivamente.

Sin duda en Brasil las diferencias sociales son enormes, y no cabe duda que –como en otros países americanos- las clases dirigentes tuvieron hasta comienzos del siglo XX una clara actitud racista (que algunos pudieron seguir manteniendo todavía en los años siguientes). Pero Brasil es un país que ha tenido desde la época portuguesa una fuerte mezcla entre todos los grupos raciales, aunque solo fuera por el hecho de que los inmigrantes de esa nacionalidad fueron relativamente escasos y mayoritariamente del género masculino.

Hemos de tener en cuenta que en Estados Unidos, a pesar de la abolición de la esclavitud, los descendientes de africanos estuvieron totalmente segregados hasta 1960, y la presencia de una gota de sangre africana convierte a las personas en negros. Basta con escuchar el calificativo racial que se atribuye al presidente Obama, que es designado normalmente, y de forma inadecuada, como negro, siendo en realidad, por lo que sabemos, un mestizo.

En Brasil la cuestión racial es mucho más compleja, con mezclas de, al menos tres grandes grupos (indígenas brasileños, europeos y africanos) cada uno de los cuales tienen, a su vez, importantes diferencias genéticas internas. La mezcla ha ido dando lugar a una estructura social y racial muy compleja, desde luego diferente a la norteamericana. El color de la piel no es un elemento que deba servir para clasificar a los individuos, sino más bien las diferencias sociales que existen entre unos y otros; y que todos los brasileños deben esforzarse en mitigar si quieren un futuro en paz y bienestar.

La propuesta de reunir a los pardos y a los pretos en una única categoría como negros o como “afro-descendentes” es muy peligrosa para el futuro de Brasil. La intensa miscigenación que existe en este país es un dato muy positivo, y la consolidación de Brasil como un país mestizo abre una vía de esperanza y un modelo para el conjunto de la Humanidad.

El ascenso social es posible y se está ya realizando, aunque sea lentamente. Algunos ejemplos que podríamos citar muestran que eso es posible. Entre ellos el de uno de los bahianos más ilustres, el profesor Milton Santos, una de las figuras destacadas y reconocidas de la geografía mundial, un científico social de gran relieve, un intelectual reconocido dentro y fuera de Brasil y un ciudadano comprometido en la defensa de las libertades democráticas. Una película documental sobre él, “Encontro com Milton Santos ou o mundo global visto do lado de cá”, realizada por Silvio Tendler empieza con una frase que impresiona. “Milton Santos, nieto de esclavos”. Que en dos generaciones se haya podido pasar de la situación de esclavitud a una posición brillante a escala de la ciencia mundial es una prueba de la existencia de procesos de ascenso social. Es la mejor prueba de que es posible un futuro brillante para Brasil, un modelo de sociedad para todos los países del mundo.

El camino del mestizaje es el adecuado. El otro es el de la separación racial y el enfrentamiento. El que se elija o el que acabe triunfando en Salvador va a influir de forma importante en el futuro de Brasil.

Notas

[1] Este artículo constituye la versión castellana del prólogo al libro de Juárez Bomfim O centro histórico de Salvador e a sua integraçâo socio-urbana (Salvador 2010). La versión portuguesa de dicho prólogo se ha publicado en Scripta Vetera, nº 110.

Bibliografía citada

BRAGA, Hilda María de Carvalho. Producción y desperdicio: un estudio sobre la basura en la ciudad de Salvador, Bahía. Universidad de Barcelona. Marzo 2002. 548 p.

BRAGA, Hilda Maria de Carvalho. Cooperativismo y reciclado: estrategias de supervivencia de los seleccionadores de basura de Salvador, Bahía, Brasil. Scripta Nova Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9788] Nº 45 (18), 1 de agosto de 1999

CAPEL, Horacio. Ana Lurdes Ribeiro da Costa. Salvador, século XVIII: o papel da ordem religiosa dos beneditinos no proceso de crescimento urbano. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9796] Vol. VIII, nº 463, 25 de septiembre de 2003

CAPEL, Horacio. Elisa Petti Pinheiro: Europa, Francia y Bahía. La difusión y adaptación de los modelos urbanos europeos. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales.Universidad de Barcelona [ISSN 1138-9796]
Nº 118, 9 de octubre de 1998

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[Edición electrónica del texto realizada por Miriam-Hermi Zaar]

© Copyright Horacio Capel, 2010
© Copyright Biblio3W, 2010

Ficha bibliográfica

CAPEL, Horacio. En Salvador de Bahia se está jugando el futuro de Brasil. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales. Universidad de Barcelona, Vol. XV, nº 866, 30 de marzo de 2010. <http://www.ub.es/geocrit/b3w-866.htm>. [ISSN 1138-9796].

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Sobre o autor

Juarez Duarte Bomfim
Baiano de Salvador, Juarez Duarte Bomfim é sociólogo e mestre em Administração pela Universidade Federal da Bahia (UFBA), doutor em Geografia Humana pela Universidade de Salamanca, Espanha; e professor da Universidade Estadual de Feira de Santana (UEFS). Tem trabalhos publicados no campo da Sociologia, Ciência Política, Teoria das Organizações e Geografia Humana. Diversas outras publicações também sobre religiosidade e espiritualidade. Suas aventuras poético-literárias são divulgadas no Blog abrigado no Jornal Grande Bahia. E-mail para contato: [email protected]